Tu teléfono móvil te escucha y… te siente.

El análisis de las emociones es todo un campo nuevo y en desarrollo dentro del sector tecnológico. En el mundo ya hay varias empresas que gestionan proyectos enfocados a que las máquinas puedan percibir nuestro estado anímico y actuar en consecuencia.
¡La era de “Yo, Robot” está más cerca de lo que crees!

En nuestro afán de facilitarnos la vida hemos llegado a un punto en el que nuestros gadgets tecnológicos saben más de nosotros que nosotros mismos. A algunos este hecho les incomoda, pero somos la mayoría los que nos dejamos seducir y abrazar por la Internet, redes sociales, Google, teléfonos inteligentes y los wearables  (los llevables) con la infinidad de aplicaciones que miden los latidos de nuestros corazones, la cantidad de kilómetros que andamos al día, etc.

¿Dónde está el límite? te preguntarás. No hay límite; cada día es un paso más hacia la integración total de lo humano y lo tecnológico.
Muestra de ello es la aparición de varias empresas en el mundo que trabajan activamente en el desarrollo de la inteligencia emocional de las máquinas. ¿Con qué finalidad? Bueno, pues imagínate a un conductor que se pone ebrio al volante y que su coche lo detecta y no arranca, o que cuando llegas a tu casa cansado después de un día largo y agotador, tu casa lo detecta y crea un ambiente que te relaja y te pone de buen humor… las aplicaciones son infinitas.

La startup israelí BEYONDverbal (más allá de lo verbal) es una de estas empresas, líder en su campo y que se define así:

Entendemos los estados de ánimo de las personas, entendemos las actitudes de las personas y entendemos las características emocionales de las personas (su personalidad) a través del análisis de sus entonaciones vocales primarias – en tiempo real, mientras hablan.

El software que ha desarrollado esta empresa permite que los dispositivos y aplicaciones puedan percibir y entender no sólo lo que escribimos, sobre lo que hacemos clic, lo que decimos o tocamos, sino también lo que queremos decir y cómo nos sentimos en realidad. Pueden percibir e interpretar, por tanto, nuestras emociones.

El motor base del software de BEYONDverbal ya puede trabajar con más de 25 idiomas y se ha probado en más de 70.000 personas, entre ellas actores y políticos famosos con resultados magníficos.

Lo puedes comprobar tu mismo, descargando e instalando sus aplicaciones móviles MOODIES y EMPATH. Yo he probado la EMPATH en la tablet y me he quedado impresionado por su precisión. Se te ofrece hablar durante un mínimo de 30 segundos sobre un tema (trabajo, ocio, deporte, comida u otro) y… ¡tachán!
la aplicación interpreta la entonación de tu voz y te dice en qué estado anímico te encuentras. También hay una particularidad muy interesante ya que la aplicación va más allá de decir simplemente si estás contento, enfadado o triste, interpretado también los posibles matices: puedes por ejemplo estar contento y satisfecho o contento, pero preocupado por tu futuro.

Es cómo un polígrafo, pero en vez de usar electrodos para medir tu pulso, sudoración etc, sólo usa la entonación de tu voz como referencia.

Como siempre, este tipo de tecnología suscita los PROS y los CONTRA. Parece muy atractiva la idea de que los cacharros tecnológicos sientan el estado de mi humor y me faciliten la vida en consecuencia, pero no me parece tan atractiva la idea de que estos datos se conviertan en un producto, en algo que las empresas puedan comprar y vender y que puedan usar también en mi contra.

Y ¿cómo lo regulamos entonces? Se supone que para esto está el sistema legislativo, que debería protegernos del uso indebido o incorrecto de estos avances tecnológicos. Sin embargo, parece que las leyes van muy por detrás del ritmo de la invención tecnológica.